Los humanos mitificamos constantemente la vida. "La mujer más pequeña del mundo". "El hombre más alto del mundo". "El campeón del mundo de cálculo matemático", "El hombre elefante", "El hombre más rápido del mundo".
¿Qué pensamos sobre las personas con enanismo que se hicieron famosas precisamente por su enanismo? Estas dos mujeres no tenían acondroplasia, sino que eran lo que vulgarmente se conoce como "Liliputienses" porla obra de Jonathan Swift Los viajes de Gulliver. Coinciden más con lo que se entiende por "miniatura". ¿Nos identificamos en algún grado con ellas? ¿Qué nos hacen sentir las noticias y comentarios sobre ellas? ¿Dolor? ¿Miedo? ¿Nada? ¿Son versiones afortunadas, o más dotadas artísticamente quizá, de aquéllos que, sin tanta suerte, se vieron empujados a utilizar su aspecto para vivir, exponiéndolo a las risas y el morbo de la sociedad? ¿Asumimos que eran otros tiempos y somos capaces, por tanto, de distanciarnos y de mantener las cosas en su sitio? ¿Asumimos que el interés por lo diferente es una parte consustancial del ser humano y nos lo tomamos con filosofía? ¿Nos indignamos? ¿Aceptamos que el interés es inevitable pero creemos que nuestra tarea es abrir caminos para que las personas con enanismo puedan realizarse de otras maneras que no sean esta "exhibición"? ¿Qué pensamos?
El artículo que podéis ver si pulsáis "Leer más" recoge varias noticias de prensa sobre dos mujeres cuyas vidas despiertan el interés general. ¿Despiertan el nuestro? Se aceptan respuestas EN EL FORO
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JOSÉ ANDRÉS ROJO - Madrid - 26/02/2008
"Cuando hablamos de Chiquita nos estamos refiriendo a una mujer que medía 26 pulgadas de estatura (unos 66,5 centímetros)", explica Antonio Orlando Rodríguez. Se metió en el mundo del espectáculo y triunfó. Fue tal el éxito de las temporadas que pasó en los teatros de Estados Unidos que se convirtió en la primera artista cubana de variedades que fue recibida por un presidente de aquella nación, William McKinley, que gobernó entre los años 1897 y 1901.
Fue la primera artista cubana recibida por el presidente de EE UU
La pequeña actriz tuvo una vida considerablemente larga. Nació en Matanzas en 1869 y no murió hasta 1939, cuando en Europa empezaba la Segunda Guerra Mundial. "Cuando nació Chiquita se libraba en Cuba la guerra
de los 10 años, que tuvo lugar entre 1868 y 1878, y que fue el primer enfrentamiento serio con España. La independencia llegó más tarde, después de la guerra, que empezó en 1895, y después de que interviniera el ejército de Estados Unidos".
¿Fue Chiquita feliz? "Fue una mujer que logró lo que se propuso, y hacerlo es una parte importante de la felicidad", explica el escritor cubano. ¿Y su vida afectiva?, tuvo que ser complicada con ese tamaño. "Explosiva, tuvo una vida afectiva explosiva. Era una mujer de una gran sensualidad y levantó grandes pasiones".
Pero lo que el escritor Antonio Orlando Rodríguez subraya sobre todo es la inteligencia de aquella mujer diminuta e incontrolable. También su independencia y su carácter. "Fue muy temperamental, explotaba por cualquier cosa. Pero me imagino que eso pasa con todas las grandes artistas".
Por eso, el suyo fue un amor a primera vista, intenso, apasionado, irracional. Cuando Antonio Orlando Rodríguez recibió de una amiga las primeras imágenes de Chiquita, aquella artista cubana liliputiense que triunfó en el mundo del espectáculo, abandonó el libro que tenía entre manos y se entregó por completo a aquella mujer.
Ayer, el resultado de aquel terremoto en su vida ganó el Premio de Novela Alfaguara.
JOSÉ ANDRÉS ROJO - Madrid - 17/04/2008
Chiquita fue una liliputiense (26 pulgadas de estatura: 66 centímetros) que nació en Matanzas en 1869 y que triunfó en los teatros de variedades de Estados Unidos a partir de finales de la década de los noventa del siglo XIX. Antonio Orlando Rodríguez (Ciego de Ávila, Cuba, 1956) ha recorrido su vida para convertirla en ficción: su novela Chiquita ganó el X Premio de Novela Alfaguara en febrero. Mañana recoge el galardón en Madrid.
Pregunta. Tuvo que ser difícil entrar en el mundo, que tiene que ser muy diferente, de una mujer de esa estatura.
Respuesta. Las primeras 50 páginas no me sirvieron de mucho. Estaban escritas desde un narrador omnisciente que lo sabía todo de la vida de la artista. Me di cuenta de que no reflejaba su extrema complejidad, que era necesario acercarse desde varios puntos de vista. Al final, el que narra es un escribiente que va corrigiendo lo que le dicta Chiquita. Ya hay dos voces, que discuten y discrepan y que no ocultan sus fricciones.
P. Y está su voz, la del escritor. ¿Cómo hizo para conocer a esta mujer?
R. No soy de esos escritores racionales y técnicos que saben adónde van en cuanto se sientan a escribir. Yo no tengo ningún plan, me guía la intuición. Y lo que me importa es lo que voy descubriendo. Trabajé como detective. Sólo tenía noticias de las acciones de Chiquita y desde ahí tuve que entender su psicología, su personalidad. Me inspiraron mucho las fotografías, sus poses: mirada retadora, languidez sensual... Utilicé incluso recursos muy poco ortodoxos...
P. ¿Confesables?
R. Bueno, encargué a dos personas distintas que me interpretaran la carta astral de aquella mujer. Me ayudaron a confirmar que no iba descaminado.
P. ¿Cómo ha tratado la infancia? ¿Son reales los hermanos, los primos...?
R. Lo de los hermanos es cierto. Lo demás, ficción.
P. Puede parecer frágil, pero el escribiente al que le dicta su vida dice de Chiquita que es fantasiosa, obstinada y putísima.
R. Si el personaje no hubiera tenido un componente de perversión malévola hubiera resultado demasiado insípido. Cuanto hace, además, lo hace para sobrevivir. Es una mujer pragmática y sus circunstancias explican su conducta. La entiendo, no siempre la justifico. Es muy difícil que a los pequeños los respeten en un mundo de gigantes.
P. ¿Es ésa una propuesta de lectura del libro?
R. Para nada. Pero es verdad que es una lectura latente. Yo creo que el arte tiene que ser entretenido. Lo demás, si viene, vendrá después.
P. Hay mucho en Chiquita de querencia por lo esotérico.
R. Disfruto mucho cuando los espíritus se meten en el mundo de los humanos. Y de las situaciones que se salen de lo normal. Las historias de las cofradías secretas de los enanos me gustaría que se leyeran en clave paródica.
P. La guerra de la independencia cubana es el telón de fondo de una parte de la novela. ¿Qué destaca de ese proceso?
R. Que fue una guerra muy cruel. Fueron crueles las tropas españolas, pero también fueron muy destructivos los rebeldes. Cuba se había convertido en la perla de la Corona, la metrópoli no quería perderla. Fue una independencia tardía respecto a las demás. Y atípica. Estados Unidos vigiló el proceso entre 1898 y 1902. Para muchos, incluso algunos líderes independentistas, fue algo positivo, por chocante que resulte.
P. Chiquita apoya a los independentistas. Sus actuaciones terminaban con gritos de libertad para Cuba.
R. Lo que ocurría en ese triángulo, el que forman Cuba, Estados Unidos y España, fue fascinante. Sorprende la pasión con que los estadounidenses se implicaron a favor de Cuba. Era un país joven, habían llegado tarde al reparto de las colonias, había allí una gran efervescencia.
P. Ahora hay de nuevo ruido en su país. ¿Cree que Raúl Castro será el hombre de la transición?
R. Lleva mucho tiempo defendiendo un régimen que masacra los derechos humanos. No creo que sea la persona adecuada para la transición a la democracia.
J. ERNESTO AYALA-DIP 19/04/2008
Decía el escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez que su referente para escribir Chiquita, la novela con que la obtuvo el último Premio Alfaguara, fueron los folletines del siglo diecinueve. Una afirmación que no casa con el relieve narrativo de su novela, excepto su estructura externa, una concepción dosificada del tono melodramático, el foco de atención sobre una heroína (y no héroe) y cierta complicación en su trama (que al final, como se verá, no es nada más ni nada menos que su costado sofisticado, su lujo técnico, su desafío a la inteligencia y a la sensibilidad de un lector que nunca puede ser el perfil que uno pueda imaginarse del lector popular decimonónico). Podríamos ser exigentes con las reglas del género folletinesco y pedir visualizar al malo del relato. No hay en esta novela tal maldad salvo la contaminante maldad de la historia y el azar. Descripciones realistas como pide el folletín sí encontramos. Desdichas, bondad y canallerías juntas, también. Pero todo ello matizado mediante una envidiable precisión irónica. Yo me inclino por otra referencia, la que Rodríguez integra en sus afinidades literarias y aparentemente sin ninguna función en la novela que ahora se comenta. Me refiero a Virgilio Piñera (gran escritor al que la Revolución cubana hizo la vida imposible, entre otras razones, por ser homosexual). Me gustaría que el lector (además de conocer su obra) conociera un relato corto titulado La muerte de las aves. Creo que él resume perfectamente la función vivificadora de la imaginación, para la ficción y para la propia existencia. El planeta amanece un día con un manto de aves muertas, todas las aves han muerto. Pero de pronto, otro día todas esas aves levantan el vuelo. El narrador de Virgilio nos dice: "La ficción del escritor, al borrar el hecho les devuelve la vida. Y sólo con la muerte de la literatura volverían a caer abatidas en tierra". La realidad transfigurada por la acción de la invención. Pues de esto trata esencialmente Chiquita. De un segmento de realidad histórica, con sus componentes políticos, sociales, morales e individuales. Y en el centro de esa realidad un personaje ilustrativo de toda una época, un ser humano que no mide más de veintiséis pulgadas.
Cuando Espiridiona Cenda, llamada Chiquita, llega con su apenas medio metro de altura (aunque muy bien proporcionada, se nos dice) a Nueva York con el objeto de triunfar como bailarina, y no tanto como atracción de feria, en estos días, sobre el final del siglo diecinueve, también busca la gloria el gran Houdini, el campeón del escapismo. Y buscan la gloria un sinfín de "curiosidades humanas", entre ellos, también gigantes. Público ansioso de ver deformidades, fenómenos humanos. Se escribe sobre ellos. Enanos y liliputienses inspiran tratados. El mismo escritor inglés Walter de la Mare publica en 1921 su novela titulada Memorias de una enana. Espiridiona Cenda existió. Nació en Matanza (en la misma ciudad donde vivió y murió uno de los grandes poetas románticos cubanos, José Jacinto Milanés) en 1869 y murió en Nueva York en 1945. Asumió su diminuto físico con una mezcla de resignación y soberbia. No sabremos, después de leer la novela de Rodríguez, qué hay de verdad e invención en su vida. Y esto es esencial en esta historia. Esta duda. Una metódica sospecha entre la crónica de las hemerotecas y la verdad de las mentiras, que diría Vargas Llosa. ¿Es verdad que Chiquita leyó Las bostonianas, de Henry James, casi al final de su vida? ¿Sabía tantos idiomas? ¿Se produjo realmente ese encuentro entre ella y el autor de Peter Pan, James M. Barrie? ¿Y de su relación con logias? ¿Hasta qué punto se comprometió con la independencia de su país?
Rodríguez cuidó todas las costuras de su relato. Las históricas, que prestan tantos paralelismos con nuestro tiempo; las de las costumbres de la época, sin caer nunca en reproducciones de cartón piedra. De la escritura habría que dedicarle un apartado especial, porque toda ella depende de la maquinaria de montaje narrativo que el autor cubano lleva a cabo en su novela. No se trata de una escritura a la altura de la materia hiperbólica que maneja Rodríguez. No hay ninguna retórica que enfatice los costados más fantásticos de la historia. Sí hay ese humor sutil entre líneas, esa ironía entre la voz de los personajes y el oído de los lectores actuales más exigentes.
Noticia original en El País, con vídeo del autor leyendo Chiquita
El comienzo de la novela Chiquita en .pdf
www.elboomeran.com | 25/2/2008
RETRANSMITIDO POR EL BOOMERAN(G)
Antonio Orlando Rodríguez, Premio Alfaguara de Novela 2008 por Chiquita
El jurado, presidido por Sergio Ramírez y compuesto por Ángeles González-Sinde, Jorge Volpi, Guillermo Martínez, Ray Loriga y Juan González, ha destacado que «es una novela a la vez elegante y llena de vida, con una notable gracia narrativa y una imaginación sin descanso, que despliega, como una inmensa partitura de ejecución precisa, la época y la vida de un personaje extraordinario, la liliputiense cubana Espiridiona Cenda, bailarina y cantante de los teatros de variedades de principios del siglo XX, llamada en su vida artística ‘la muñeca viviente'. ‘La novela, concebida como una autobiografía dictada en la vejez a un periodista que trata de cotejar verdad y exageración de cada peripecia, avanza desde la infancia de Chiquita en la Cuba del esclavismo y la colonia a su salto, en la primera juventud, a los escenarios más importantes de Estados Unidos y Europa, con el trasfondo a la distancia de la guerra de los mambises por la independencia y las intrigas diplomáticas que envuelven a la protagonista. Por detrás del afán de Chiquita en retratarse como una gran estrella siempre brillante, se deslizan de a poco las sombras de la decadencia, los desengaños amorosos, la lenta relegación a las ferias de freaks, y el drama íntimo de una artista que no quiere resignarse a ser exhibida como un mero fenómeno de circo. Una novela ambiciosa que reconstruye la época de máximo esplendor de los teatros de variedades, y logra traer otra vez a la vida, en todo su genio, su crueldad y su encanto, a un personaje inolvidable». El fallo de la XI Edición del Premio Alfaguara se ha celebrado en el Salón de Actos del Grupo Santillana en Madrid.
Un total de 511 manuscritos inéditos, escritos en castellano, concurren a esta XI edición del Premio Alfaguara. De ellos 120 proceden de España, seguida de México (102) y Argentina (76). Como en ediciones anteriores, el fallo del Premio ha sido retransmitido en directo a través de esta página web, www.elpais.com y www.alfaguara.santillana.es.
Antonio Orlando Rodríguez nació en Ciego de Avila, Cuba, en 1956. Escritor, editor y periodista. Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Ha residido en Costa Rica, Colombia y, actualmente, en Estados Unidos. Es autor de la novela para adultos Aprendices de brujo (Alfaguara, 2002, Rayo/HarperCollins, 2005), de los libros de cuentos Strip-teaseQuerido Drácula (1989) y de la obra de teatro El León y la Domadora (1998). Su bibliografía incluye también investigaciones literarias como Literatura infantil de América Latina (1993), Panorama histórico de la literatura infantil en América Latina y el Caribe (1994), Puertas a la lectura (1993) y Escuela y poesía (1997). A lo largo de su carrera ha publicado numerosas obras para niños y jóvenes, entre las que se encuentran El rock de la momia, Mi bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo, La isla viajera, ¡Qué extraños son los terrícolas! y La maravillosa cámara de Lai-Lai (1985) y
El Premio Alfaguara de Novela se ha convertido en un referente de los galardones literarios de calidad otorgados a una obra inédita escrita en castellano. Su vocación y proyección en todo el ámbito del idioma español en el mundo ha propiciado una difusión internacional de primer orden, apoyado por la edición simultánea de las obras ganadoras en España y Latinoamérica. Hasta el momento han obtenido el Premio Alfaguara de Novela: Caracol Beach de Eliseo Alberto y Margarita, está linda la mar de Sergio Ramírez (ambos ganadores de la primera edición), Son de Mar de Manuel Vicent, Últimas noticias del paraíso de Clara Sánchez, La piel del cielo de Elena Poniatowska, El vuelo de la reina de Tomás Eloy Martínez, Diablo Guardián de Xavier Velasco, Delirio de Laura Restrepo, El turno del escriba de Graciela Montes y Ema Wolf, Abril rojo de Santiago Roncagliolo y Mira si yo te querré de Luis Leante.
Noticia original: Blog literario El Boomerang
JORDI SOLER 27/07/2008
Fue rica y famosa. Sólo medía 50 centímetros. Lucía Zárate, una liliputiense mexicana, llegó a ser la estrella internacional en el circo estadounidense de Barnum. La leyenda de esta mujer diminuta creció con su trágica muerte, en 1890.
Lucía Zárate era la mujer más pequeña del mundo. A los 12 años, cuando ya era la reina de la farándula en Estados Unidos, medía alrededor de cincuenta centímetros de altura. Esto quiere decir que a una persona de estatura normal Lucía le llegaba, más o menos, a la rodilla. ?La mano de un adulto es un asiento amplio para
ella?, dice una nota del diario The New York Sun, fechada en 1876, el año en que esta mujer liliputiense se presentó como la atracción mayor de la feria de Filadelfia.
Lucía era mexicana, nació en San Rafael, en el fogoso Estado de Veracruz; sus padres, Fermín y Tomasa, eran una pareja de talla normal que tuvieron hijos de estatura normal, con la excepción de Lucía y de su hermano Manuel, que eran tan pequeñitos y tan portátiles que su madre, cuando trajinaba de arriba abajo por la casa, los llevaba con ella en los bolsillos de su bata. Manuel murió pronto de una enfermedad tropical y Lucía fue cumpliendo años envuelta en una celebridad que llegó pronto al puerto de Veracruz, al despacho de Teodoro A. Dehesa, un importante político que más tarde sería gobernador del Estado.
Dehesa quedó asombrado con la dimensión inverosímil de la niña y la envió a la ciudad de México, directamente a las oficinas de don Porfirio Díaz, que llevaba apenas unos cuantos meses en la silla presidencial. El presidente quedó igualmente asombrado con la niña y tomó la oscura decisión, que hoy sería motivo de censura y batalla, de poner a la familia Zárate en manos de ese empresario estadounidense que exhibió por primera vez a Lucía, bajo el título de ?la mujer más pequeña de la Tierra?, en la feria del centenario en Filadelfia.
Otra nota periodística del año 1876 describe así a la liliputiense mexicana: ?Su cabeza, del tamaño aproximado del puño de un hombre, está bien formada y tiene el pelo marrón y suave. Lo único que se sale de proporción es la nariz, que parece la de una mujer de tamaño normal. Tiene ojos negros brillantes, es inteligente y conversa, en la lengua de sus padres, con una graciosa vocecita?. El efecto que produjo la presentación de Lucía fue inmediato y un día después apareció, en la puerta de la suite donde se hospedaba, un famoso representante de artistas, de nombre Frank Uffner, que ofreció a Tomasa y a Fermín el éxito mundial y rutilante de su hija minúscula.
Los Zárate eran gente de pueblo, y la vida artística, un concepto que no entraba en su horizonte, pero las cifras que vaticinaba Uffner acabaron por convencerlos y, de un día para otro, se vieron embarcados en una gira maratónica que iba de feria en feria y de costa a costa, exhibiendo a esa mujer diminuta que en unas cuantas semanas había igualado la fama del General Mite, otro liliputiense con el que más tarde viviría una historia de amor, y también la leyenda del General Tom Thumb, el enano de referencia, el arquetipo de los de su tipo que, treinta años antes, había llevado el oficio de exhibirse en una carpa a niveles hasta entonces desconocidos.
El General Tom Thumb había sido reclutado por el circo de P. T. Barnum, un hombre de empresa y escrúpulos más bien escasos. Barnum, cuyas iniciales significaban Phineas Taylor, era un activista político que en 1829, a los 19 años de edad, regentaba un boyante negocio donde se vendía de todo, y poseía un periódico que ostentaba el sintomático nombre de El Heraldo de la Libertad, porque aquella ?libertad? tan sonora y ampulosa que encabezaba su diario obedecía a los ataques que, desde sus páginas editoriales, lanzaba contra la moral calvinista, que prohibía el juego y los negocios turbios, campos laborales que a Phineas Taylor le interesaban bastante. En 1835, ya que había logrado aflojar, a fuerza de artículos encendidos, la prohibición calvinista en el Estado de Connecticut, montó un teatro en Nueva York donde exhibía, todos los días y con éxito arrollador, a una mujer paralítica y ciega de 80 años que, según la publicidad del espectáculo, había sido la enfermera de George Washington y tenía la impresionante edad de 160 años. La divisa vital de Phineas Taylor era: ?Cada segundo nace un nuevo idiota?, y con el chanchullo de la enfermera echó a andar el negocio de su vida, que fue primero el ?Gran Teatro Musical y Científico Barnum?: un edificio con animales disecados en la azotea, donde tenían lugar permanentemente los actos que después conformarían su circo, con una troupe de incorrección política inenarrable que estaba compuesta de gigantes, enanos, mujeres con barba, hombres albinos, el elefante Jumbo y la sirena Fiji, que era la supuesta momia de una mujer-pez, tan falsa y engañosa como la enfermera del presidente Washington. El circo de P. T. Barnum, que con los años se reconvertiría en el legendario circo de los Ringling Brothers, contrató en 1844 los servicios del General Tom Thumb, un niño liliputiense de cuatro años de edad cuya gracia era, además de su inusual tamaño, las imitaciones que hacía de Hércules y Napoleón, mientras fumaba un enorme habano y se refrescaba la gargantita con una garrafa de vino tinto. Aquella rutina hizo rico y famoso al General Tom Thumb, pero también lo metió en una espiral viciosa que lo convirtió en alcohólico y en fumador empedernido a los nueve años de edad, y que a los once segó su vida.
El relevo del malogrado General Tom Thumb fue tomado años más tarde por el General Mite y después por su pareja escénica Lucía Zárate, la liliputiense mexicana que, luego de triunfar en todas las ferias del país, fue ofrecida por Frank Uffner al circo de P. T. Barnum.
En 1880, cuatro años después de su llegada a Estados Unidos, Lucía era la estrella del circo más importante del mundo; su papel era una simpleza: aparecía en el papel de ella misma, en un decorado que bien podía ser su propia casa, haciendo su vida normal: bebía té, hojeaba un libro, conversaba o jugaba al mus con el General Mite, mientras era contemplada por una riada de gente boquiabierta; aquel acto simple la convirtió en la figura mejor pagada del circo y la metamorfoseó en diva del espectáculo. En la gira europea que tuvo lugar ese mismo año, Lucía Zárate viajó con una asistente personal, una traductora, una cocinera, sus padres y alguno de sus hermanos de talla normal; a este séquito habría que agregar las cajas con ingredientes para preparar la comida que toleraba su frágil organismo, su extensa colección de joyas y los baúles donde guardaba su ropita mínima. La gira europea que encabezaba Lucía fue bautizada por P. T. Barnum como ?Compañía Liliputiense de Ópera?. El grupo artístico era media docena de liliputienses con nombres de guerra gigantescos como English Little Lady Millie Edwards o Sam Sammy the Sumptuos Sum, que contrastaban con sus tamaños y, sobre todo, con el nombre del gigante chino que los acompañaba, un hombre de dos metros y treinta centímetros de estatura que respondía al breve nombre de Chang.
Lucía y el gigante chino hacían juntos uno de esos números que hoy serían un reality show, aparecían en un decorado de salón o de cocina y ahí fingían llevar una vida normal de pareja, comían en la mesa, leían el periódico, conversaban en voz inaudible para que no se notara que ella hablaba español y él chino; el efecto en Inglaterra fue tan contundente que el 26 de febrero de 1881, la liliputiense mexicana fue recibida por la reina Victoria, en una audiencia privada de protocolo especial, pues la diferencia de estaturas obligó a Lucía a subirse a una escalera de tijera para estar a la altura a la hora del besamanos, las caravanas y las genuflexiones. La Compañía Liliputiense de Ópera siguió su andadura europea por Francia e Italia y recaló en Moscú, donde Lucía, conmovida por las risotadas y los palmoteos de que había hecho gala el zar, añadió un asimétrico baile kasatchok con Chang.
Lucía regresó a Estados Unidos en 1884 y la primera decisión que tomó, aconsejada por su agente Frank Uffner, fue dejar el circo de P. T. Barnum y montar un show con sus propios recursos. Lucía era tan famosa que en ese nuevo periodo de su carrera artística distintos clanes mafiosos intentaron secuestrarla en tres ocasiones; la sensación de fragilidad que le dejaron aquellas intentonas la llevó a invertir parte de su dinero, que, a pesar de las chapuzas de su agente, seguía multiplicándose, en un rancho en el Estado mexicano de Chihuahua, y unos meses después de su muerte, Fermín Zárate, su padre, invirtió el resto de la fortuna de su hija en otro rancho en Veracruz.
El 15 de enero de 1890, Lucía viajaba en tren, acompañada de su séquito, rumbo a San Francisco (California), donde tenía programada una serie de presentaciones. Aquel año el invierno era especialmente crudo y el tren quedó atrapado en una nevada histórica. Lo que al principio parecía un contratiempo fue complicándose hasta convertirse en una tragedia; la nieve siguió cayendo, y el maquinista y sus pasajeros no tuvieron más opción que esperar a que escampara la tormenta, y conforme iban pasando los días iba acabándose la leña para la calefacción. El tren estuvo atrapado 13 días en la montaña, se puso otra vez en marcha el 28 de enero, la fecha exacta en que Lucía Zárate, la mujer más pequeña del mundo, moría de hipotermia a los 25 años de edad, luego de purgar la enfermedad que le había producido el único alimento disponible a bordo, que era la carne enlatada. Los empleados de Lucía se quedaron en San Francisco, y Fermín y Tomasa Zárate cogieron un tren hacia la frontera, con el cuerpo de su hija en un pequeño ataúd. Al llegar a la frontera fueron extorsionados por la policía mexicana, que encontraba sospechoso el acto de introducir un cadáver tan pequeño al país. El ataúd quedó abierto y Lucía expuesta mientras Fermín negociaba la cantidad con el comandante; en el tiempo que les tomó llegar a un acuerdo, la gente comenzó a arremolinarse alrededor del cuerpo, alguien la había reconocido, rápidamente se había corrido la voz y, en unos cuantos minutos, Lucía Zárate se despedía del mundo exactamente como había vivido en él: contemplada por una boquiabierta multitud.
Noticia original en El país semanal 27/07/08
La estigmatización social en la acondroplasia
III Encuentro Internacional en torno a la Acondroplasia, Colombia 2009
ENHORABUENA: Anuncio del CF Getafe denigrante retirado.
Otro hito en la lucha por el respeto real. Toledo, Septiembre 2009.
Guia de Recursos para Personas con Discapacidad
Excelentes campañas por la normalización de la imagen de la acondroplasia de l'AISAc (Vídeo)
El hombre es la medida de todas las cosas
Todos iguales, todos diferentes (Presentación)
TEMA PARA EL DEBATE: Lucía Zárate y Chiquita: famosas y pequeñas. ¿Tienen algo que ver con nosotros?
Tema para el debate: Autoayuda
Reflexiones sobre los espectáculos cómico taurinos
Reflexiones de un eurodiputado sobre la discapacidad
Reclaman al Gobierno la reforma urgente del baremo oficial de la discapacidad
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LECTURA TESIS DOCTORAL Y JORNADA DE FAMILIAS EN MADRID
Jornada de Moda y Necesidades Especiales
Convenio de vacaciones con el Montepío
Convención Internacional para los Derechos de las Personas con Discapacidad
Campaña contra la discriminación en Argentina (Vídeo)
Campaña argentina contra la discriminación de personas con discapacidad
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Acceso de la mujer con discapacidad a las NN.TT. en el ámbito rural de Asturias
Reflexiones sobre la discriminación hacia las personas de talla baja
Carta para la no contratación de espectáculos cómico-taurinos (Modelo)
Carta de protesta. (Un modelo)
Premios TIFLOS. Documental Yago (Vídeo)
La Liga. Documental sobre los prejuicios (Vídeo)
Discapacidad en el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte
Enable. Boletín sobre derechos y dignidad de las personas con discapacidad de la ONU
Enanismos y artes plásticas (excelente)
Guiadis. La Guía online de la Discapacidad
INICO. Instituto Universitario de Integración en la Comunidad
Ministerio de Educación, Política Social y Deporte
No te Rías de mi, Ríete conmigo
Política Social, del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte
Real Patronato sobre Discapacidad
Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia
Gente menuda. La vida diaria de las personas con acondroplasia. CERMI
Calendario solidario del Atlético de Madrid. 2007
Susana Sempere en El Mundo, 26 de julio de 2008
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Reflexiones sobre el significado social de la humillación, en "Psicología Política"
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El Estigma Social del Enanismo Óseo: Consecuencias y estrategias de Afrontamiento
III PLAN DE ACCIÓN PARA LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD 2009-2012